Participantes: Jóvenes y adultos (14 años o más) residentes en la provincia de Colchagua.
Formato de la obra:
- Cuento inédito de 1 a 3 páginas.
- Letra Times New Roman 12, doble espacio.
- Archivo en Word o PDF firmado con pseudónimo.
Envío: Por correo a contacto@casaencuentronancagua.cl, indicando datos personales en el cuerpo del mensaje.
Plazo: Del 18 de noviembre al 05 de enero de 2025.
Premios:
- 1° lugar: $200.000 y diploma.
- 2° lugar: $100.000 y diploma.
- 3° lugar: $50.000 y diploma.
Menciones honrosas con diploma.
¡Es tu oportunidad para compartir tu creatividad y resaltar la magia navideña de Colchagua! 🎅✨



Cuentos Ganadores
1° lugar – Angela Cabezas Castellón
«Halloween en Navidad«
—Es un pronóstico desfavorable.
Es un pronóstico desfavorable.
Es un pronóstico desfavorable.
Es un pronóstico desfavorable.
Es un pronóstico desfavorable.
—¿Me está escuchando, mamita?
No.
Dejé de escuchar en el momento en que dijo tenemos malas noticias. Mi mente se ha ido a un
lugar lejos de aquí. Me pierdo entre un montón de gente caminando alegre entre naranjas.
¿Qué se dice en estos momentos?, ¿Cuándo tienes la pena atorada en la garganta y no quiere
salir?
¿Cómo se vive una fiesta navideña cuando la tragedia la acompaña?
—Aquí estoy.
—… leucemia… Plaquetas… transfusión… anorexia… Dormirlo…
Desconecto otra vez.
Dormirlo.
Dormirlo.
Dormirlo.
Dormirlo.
¿Esta es una broma cruel?
¿Qué hago?¿Qué hago ahora?
¿Cómo puedo celebrar la navidad mientras llamo al mismo tiempo al crematorio para que
recojan tu cuerpecito?
¿Cómo se despide de alguien mientras las luces de la calle resplandecen? La vida sigue. No se
detiene. Las fiestas gritan eufóricas. Aire electrizado. Ufana celebración. Mi mundo cayéndose a
pedazos. Mi mundo entero en el mundo en general.
—Quiero estar allá cuando lo duerman.
¿Y si no me esperas?
¿Y si estás tan cansado que no puedes más?
¿Me odias?¿Me odias por permitir que te enfermes?
—Por supuesto. Puede tomarse todo el tiempo que necesite para despedirse y cuando esté
lista… procedimiento…
Desconecto otra vez.
¿Me puedo tomar toda la vida para despedirme de ti o estás sufriendo mientras te retengo a mi
lado?
¿A dónde te irás?, ¿Es tan lindo como Nancagua? Espero que no tenga mucha gente porque odias
las multitudes.
¿A quién le aviso que no te gusta el pollo, pero sí el salmón y que el Churu te provoca
indigestión?
¿A quién le cuento que te gusta dormir bajo las sanadas en posición fetal?
¿Con quién tengo que hablar para decirle que duermes con guatero en las noches y que no trepas
el arbolito de navidad?
¿Te vas a portar bien, verdad?¿Te has portado bien?
—Indoloro… sedación… Shock cardiorrespiratorio…
Desconecto mientras me explica el procedimiento.
¿Qué haces cuando alguien se esfuerza por vivir pero su cuerpo no se lo permite?
¿Debo llevar su manta? Le va a dar frío. No puede irse sin su guaterito.
—Entiendo.
No. No entiendo.
Aún no se ha ido y ya lo extraño.
¿Cuál es el tiempo prudente para extrañarte como lo hago?
¿Qué hago con la comida que dejaste?¿Debo botar tu agua?
¿Qué les digo a tus amigos cuando vengan a buscarte para jugar?
—Muchas gracias.
—La estaremos esperando.
Corto el teléfono con el corazón en la mano. La vida sigue. No se detiene.
Me limpió las lágrimas. Sonrío en el espejo. Salgo del baño y vuelvo al trabajo.
Pongo un platito con tu comida favorita. Queda intacta. Nadie la toca. Nadie pregunta. Nadie
come. Nadie habla. Nadie me acompaña. Nadie. Soy solo yo y mis pensamientos. En bucle. Una
espiral que no hace mas que caer.
Donde sea que hayas ido es un mejor lugar que conmigo. Cuidarán de ti mejor de lo que yo lo
hice. No fui suficiente.
Tal vez sí me merezco esta navidad sola.
Solo espero que no me odies. Yo ya lo hago por los dos. —Angelito De Dios.
2° lugar – Alejandra Palma Ramírez
«La Carmela«
Desde abril, mi abuela, La Carmela, empieza su ritual. Cada vez que va a pagar a la Caja de Compensación, cerca del terminal de buses, le pide a su amiga Silvia que le guarde un poco de dinero. “Para el ahorro”, dice, aunque la tía Silvia sabe qué hay detrás de eso.
Después de hacer las compras del mes en La Colchagüina, mandan la caja de mercadería con un colectivero conocido y cierran el día compartiendo un completo en La Panificadora Santa Cruz.
La tía Silvia, varios años más joven que ella, ha sido parte de nuestra familia desde siempre. Su historia y la nuestra están tan entrelazadas que resulta imposible separar un recuerdo de otro. Y su complicidad la hace ser testigo y secuaz de cada plan de mi abuela.
La Carmela a sus 90 años (aunque ella insiste en que son más, porque la inscribieron tarde en el registro civil), tiene clarísimo cuánto dinero debe recibir y guarda cada peso como hueso santo. Su meta, tan noble como desafiante, es cumplir con la tradición que lleva años sosteniendo: comprar los regalos de Navidad para sus hijos y nietos. Es su forma de continuar el legado que sostenía con mi abuelo, quien falleció por allá en el 98.
Meses antes de la Navidad, mi abuela comienza su interrogatorio, siempre disimulando. “Hija, ¿cuántos juegos de sábanas tiene?”, pregunta con esa voz que intenta sonar casual. “¿Esas ollas tuyas están un poco viejas, o es solo idea mía?”. Es imposible no sonreír con sus intentos de averiguar qué nos hace falta sin ser evidente. Sabemos que intenta hacerlo todo por amor, aunque también sabemos que nunca lograremos convencerla de que no se desgaste en esta tarea.
Cuando finalmente llega diciembre, todo parece igual que otros años. Después de cenar en nuestras respectivas casas, nos reunimos en la suya. Allí está, como siempre, su arbolito decorado con esmero y los regalos acumulados desde abril. Pero este año había algo diferente. Entre los paquetes, sobresalía un sobre blanco, sencillo, con un mensaje escrito a mano: “Para todos”.
Mi hermana fue quien tomó el sobre y, con la voz dudosa, comenzó a leer la carta. Era la letra temblorosa de mi abuela, esa que se ha vuelto más frágil con los años:
“Querida familia: Este año he decidido cambiar mis regalos. Lo que encontrarán aquí no son cosas, sino momentos. Hija, cómprate esas ollas nuevas, pero una vez a la semana ven a usarlas aquí conmigo. Felipito, estrena esas sábanas, pero quédate a dormir en mi casa algún fin de semana, como antes, cuando todos éramos más y la casa estaba llena de risas. Ya tengo 90 años (o quizás más), y lo único que quiero es que mi hogar siga siendo el suyo. Mis regalos no están envueltos, están en el tiempo que aún podemos compartir. Cuídenlo, porque no sabemos cuánto será”.
El silencio llenó el living, un silencio que parecía abrazarnos a todos. Miré a mi abuela. Estaba sentada en su sillón, con los ojos brillantes y una sonrisa apenas contenida. Fue mi hermana quien rompió el silencio: “Entonces, hoy día nos quedamos aquí”.
Y así fue. Nadie se fue. Esa noche, improvisamos camas con colchones viejos, sillas y mantas. Trozamos un pan de pascua y nos quedamos contando historias hasta la madrugada.
Por primera vez en años, su casa estaba llena de vida, como antes. Y mientras la miraba, con los ojos cerrados y la sonrisa aún en su rostro, entendí que éste había sido su verdadero regalo: no cosas, sino un recuerdo que jamás olvidaríamos.
Alekuyen
3° lugar – Aladino Torres Rodriguez
«Navidad en Nancagua»
Hace muchos años, en un pueblito de Colchagua, conocido como la ciudad de los naranjos,
identificado con el nombre de Nancagua, que en lengua Mapudungun significa ciudad de
Nalcas, ubicada a orillas del rio Tinguirica y protegida por la virgen purísima, en los cerro
de Puquillay. Esta comarca, llena de historias y muy pegada a la fe cristiana, celebraba
Navidad con diferentes actividades de carácter religioso, muy apegada a la iglesia.
Un día inesperadamente y sin darse cuenta las autoridades en conjunto con la comunidad,
se organizaron y planificaron un encuentro de cantores, donde se le homenajeara al niño
Dios con la presentación de villancicos entonados en un gran escenario al aire libre, con la
participación de toda la población, junto a cantores y grupos folclóricos d todo el país,
donde se le entregara los tributos y respetos a esta importante historia de la humanidad,
teniendo como referencia al niños Dios.
Trascurrido el tiempo, los pobladores de Nancagua se dieron cuenta que se podía
complementar esta celebración, con la presentación de pesebres, en honor al nacimiento del
niño Dios, ya que en muchos hogares, se utilizaban figuritas confeccionadas por ellos
mismo usando la arcilla o greda, que buscaban tanto en Yáquil como en las canteras de
Puquillay.
Cuentan los vecinos de la comarca, que un matrimonio muy joven, compuesto por Mary y
Pepe, tenían un local de alfarería y que habían iniciado un emprendimiento con respecto al
uso de la arcilla o greda, confeccionando diferentes figuritas, que los pobladores compraban
y usaban en los pesebres de cada familia. Un día se aventuraron por los cerros de Yáquil,
específicamente por el sector de las roblerías, en busca de la preciada arcilla o greda,
caminando por muchas horas, hasta que divisaron a lo lejos una vertiente de aguas muy
cristalinas y ahí estaba lo que ellos buscaban, su materia prima, la greda.
Muy contento el matrimonio tomados de la mano corren hacia le vertiente, beben de sus
aguas cristalinas y posteriormente toman un puñado de greda que se moldeaba fácilmente
en las manos hábiles de Mary, esta rápidamente moldeo una ovejita, al verla su esposo la
toma de sus manos la besa en la mejilla y le felicita, mientras el trataba de moldear algo,
entonando uno de los tantos villancicos que conocía. Al verlo Mary, lo toma de la mano y
lo invita a caminar por la Roblería y el cansancio los llevo a sentarse y tenderse en una
blanda cama confeccionada con hojas del bosque. Pepe apoya su cabeza sobre la falda de su
esposa, quedándose dormido profundamente, mientras su esposa lo acaricia con mucho
cariño y amor, durmiéndose al igual que él. El sueño que los envolvió fue tan profundo, que
despertaron muy entrado en la noche, por lo que tuvieron que encender una pequeña fogata,
con los resguardos necesarios, pasando toda la noche muy abrazaditos, junto a la pequeña
fogata.
Con el canto de codornices, Tiuques, jilgueros y los primeros rayos de sol despertaron, se
levantaron y se dirigieron a la vertiente, en donde habían encontrado la especial arcilla o
greda y muy sorprendidos se dieron cuenta, que desde la vertiente, se desprendían un
hermoso rayo de luz, que los encegueció por momentos y tomados de la mano y con cierto
temor, tomaron un puñado de arcilla para moldear y con mucha sorpresa, se dan cuenta que
esta, rápidamente les entregaba diferentes figuritas de animales del entorno que relucían en
sus manos. En ese momento se dieron cuenta que algo muy especial tenía esa vertiente
oculta en el bosque de la roblería.
Así fue como esta pareja de Nancagüinos, que junto a sus figuritas, hechas junto a la
vertiente, emprendieron el retorno a su hogar y comentaron al todo el pueblo su experiencia
y lo mágico de la arcilla encontrada en el bosque.
Pasaron los meses y el pueblo comenzó a ser visitado por muchos turistas, los que
compraban artesanía, donde sobresalían las figuritas del pesebre del nacimiento del niño
Dios.
Estos artesanos que descubrieron esta arcilla milagrosa, fueron premiados por las
autoridades del pueblo y agradecidos por compartir el secreto de la arcilla milagrosa, los
nombraron hijos ilustre. En esa premiación, Pepe, que como nombre era José y Mary,
maría, se veían muy felices y se observaba que María seria Mamá muy pronto.
Desde ese año, las autoridades del pueblo, acordaron realizar dos actividades en honor al
niño Dios, donde participen todas las familias con su pesebre destacando la importancia de
la navidad y el concurso de villancicos y así ser reconocidos por toda la provincia de
Colchagua y todo el país
Por Nino.